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| 01 de diciembre de 2004 | Número
10 |
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Introducción Hablar
de la agenda de los derechos humanos en el desarrollo
depende en gran medida de quién y cómo hable.
Para los organismos internacionales que integran el consenso
de Washington, los derechos humanos son un elemento clave
de su discurso; en cambio, para el sistema internacional
de protección de los derechos humanos, tanto de
la ONU como de la OEA, una de las principales preocupaciones
es cómo hacer vigente la prioridad de los derechos
humanos, por encima de las controversias comerciales entre
los Estados, e incluso en el caso de controversia entre
una empresa y un Estado, como ocurre actualmente.
1. La aporía entre utopía e historia: los derechos humanos como un horizonte utópico de lo que debería ser la relación entre los seres humanos y el desarrollo realmente existente como la historia que vivimos Desde
la revolución francesa en 1789, se da la expresión
de una aspiración profundamente humana de igualdad,
fraternidad y solidaridad. Desde entonces, y a partir
de la Declaración Universal de los Derechos Humanos,
en la posguerra, son incontables las convenciones, tratados,
pactos, protocolos y convenios internacionales que garantizan
diversos aspectos de los derechos civiles, políticos,
económicos, sociales, culturales y ambientales.
Este conjunto lo conocemos como el derecho internacional
de los derechos humanos.
De
esta manera, al hablar de los derechos humanos, tenemos
que concebirlos de manera tal que reconozcamos su indivisibilidad
e interdependencia – la violación de un derecho
implica la violación de otros –, su universalidad
– válidos para todo ser humano por el hecho
de serlo, más allá de las diferencias sociales,
étnicas y de género – y la garantía,
respeto y obligatoriedad en su cumplimiento, en particular
para los Estados firmantes de dichos tratados.
Este
importante cuerpo legislativo, es el resultado de la lucha
de muchos hombres y mujeres preocupados por la situación
en la que sobreviven miles de millones de seres humanos
en todo el planeta, y por la situación del planeta
mismo ante la sobre explotación de los recursos
naturales, en particular, de los recursos no renovables.
Si hoy asistimos a diversas guerras regionales por el
control del petróleo, ya vislumbramos lo que muchos
consideran serán las guerras del siglo XXI, la
guerra por el agua potable y la biodiversidad.
El
conjunto de los derechos humanos es, al mismo tiempo,
la expresión de una cultura que coloca en su centro,
el respeto a la vida y la dignidad humanas, hombres y
mujeres en su entorno. Desde esta perspectiva, la visión
de la realidad que nos ofrecen los derechos humanos, representa
una clave de lectura de la realidad que nos ha tocado
vivir. Es una revolución epistemológica
que cuestiona, de raíz, la cultura ambiental en
la que nacimos, nos educamos y nos desarrollamos.
El
cambio epocal que vivimos – y no un mero cambio
de época – nos coloca de frente ante un brutal
cambio de valores, entre la vida y la dignidad humanas
como valores absolutos, y el valor de la codicia como
el motor profundo del modelo de desarrollo que se nos
impone. La codicia no reconoce fronteras, ni geográficas
ni simbólicas o culturales. La globalización
económica se entiende como la mayor violación
masiva de los derechos más elementales de los seres
humanos; pero también como la oportunidad de globalizar
la solidaridad a favor de todos los excluidos de los beneficios
de la llamada “modernidad”.
El
conjunto de los derechos humanos, nos ofrece, por tanto,
la posibilidad de realizar un discernimiento de nuestra
historia para distinguir, por un lado, dónde y
de qué manera se están violando estructural
y puntualmente los principales derechos de hombres y mujeres
y, por el otro, dónde y de qué manera se
van abriendo posibilidades de humanización por
la vía del respeto, garantía y protección
de todos los derechos para todos, en especial, para las
mayores víctimas.
Así, el discernimiento de nuestra historia en clave del conjunto de los derechos humanos, abre nuestros horizontes de comprensión de la realidad y, lo que parecía una aporía irreductible, se nos presenta como un conjunto de posibilidades de humanizar nuestra historia y la de hombres y mujeres de nuestro tiempo. 2. La historia del derecho internacional de los derechos humanos, como el conjunto de posibilidades que nos ofrece nuestro momento actual La
división de los derechos humanos por generaciones,
o entre derechos individuales y derechos colectivos, no
hace justicia a su concepción en términos
de indivisibilidad e interdependencia. Pero, por otro
lado, la necesaria construcción de la historia
de su desarrollo y los concretos contextos históricos
en que nacieron los diversos tratados y convenciones.
Contra
la fatalidad y el pesimismo, los derechos humanos nos
recuerdan las posibilidades reales de transformar nuestro
mundo en un mundo más humano y sostenible en el
tiempo. Este recuerdo puede quedar en el olvido, en la
misma medida en que para nosotros no representen algo
significativo. Sin embargo, a lo largo y ancho de nuestro
mundo se levantan innumerables resistencias y rebeldías
que reivindican algo tan simple y tan sencillo como el
derecho a una vida digna, el derecho a ser simplemente
humanos y no meramente consumidores.
Los
derechos civiles nos recuerdan las posibilidades que todos
tenemos a una justicia verdadera, contra las detenciones
arbitrarias o la práctica de la tortura y en contra
de la militarización de las tareas de procuración
de justicia, además de un sistema penitenciario
que realmente rehabilite y no fabrique más y peores
delincuentes; nos recuerda también la posibilidad
de una política de seguridad pública respetuosa
del conjunto de los derechos humanos y no la renuncia
a éstos a favor de mayor seguridad. También
los derechos civiles nos recuerdan el verdadero ejercicio
responsable de la libertad de expresión y el derecho
a estar informados de todos los asuntos que nos afectan;
la libertad para asociarnos y reunirnos, para expresar
nuestros puntos de vista. Lo mismo para ejercer la libertad
de pensamiento, de conciencia y de religión.
Los
derechos políticos son un conjunto que nos garantizaría
un verdadero régimen democrático, desde
el reconocimiento de los derechos ciudadanos, la participación
electoral y el derecho de petición, de audiencia
y consulta, el referéndum, el plebiscito y la iniciativa
popular y, como sucede en la mayoría de los países
democráticos más avanzados, el derecho al
voto de los mexicanos que residen en el extranjero. Es
innegable, por otro lado, que los derechos políticos
cuestionan el papel que los medios de comunicación
realizan en México y en casi todo el mundo, dado
su enorme poder de penetración masiva y el ejercicio
indebido del poder de los grupos empresariales que los
controlan.
El
conjunto de derechos económicos, sociales, culturales
y ambientales tienen que ver con el derecho a una vida
digna y cuestionan el modelo actual de desarrollo. Son
derechos humanos laborales, el derecho a la salud, a la
vivienda digna, el derecho a la alimentación y
los derechos culturales que nos garantizan el goce y disfrute
del patrimonio nacional, el derecho a un ambiente sano
y el derecho a la educación. En este conjunto también
ubicamos los derechos de las mujeres y los derechos colectivos
de los pueblos indígenas y de los grupos más
vulnerables, desde las familias que padecen violencia
en su interior, niños, niñas y adolescentes,
adultos mayores, desplazados internos, jornaleros agrícolas,
migrantes, enfermos mentales, personas con discapacidad,
personas que viven con VIH/Sida y personas con preferencia
sexual diferente a la heterosexual.
Hay
derechos humanos que atraviesan al conjunto, como el derecho
a la información y el derecho a la no discriminación,
pero sobre todo, el derecho a defender los derechos humanos.
Una
visión de conjunto, tanto de la situación
de los derechos humanos en México, como de las
posibilidades que abre el respeto y la plena vigencia
de todos los derechos, la encontramos en el Diagnóstico
sobre la situación de los derechos humanos en México,
ejercicio colectivo coordinado por la Oficina del Alto
Comisionado de las Naciones Unidas para los Derechos Humanos
en México. Tiene la enorme virtud de concentrar
en un solo texto, el diagnóstico estructural de
las principales violaciones de los derechos humanos y
sugerir un conjunto de recomendaciones prácticas,
muchas de ellas viables, para la instalación en
el país de una verdadera política de Estado
en materia de derechos humanos.
3. El desarrollo desigual y las políticas de ajuste a escala mundial. Las globalizaciones, su complejidad y sus posibilidades ¿Cuál
es el problema de que no haya en México una política
de Estado en materia de derechos humanos? En primer lugar,
porque nuestra cultura política no incluye una
cultura de respeto a los derechos humanos; en segundo,
porque hay una ignorancia generalizada de lo que son los
instrumentos nacionales e internacionales de protección
a los derechos humanos. Incluso se da la resistencia en
muchos académicos del derecho, para comprender
la diferencia entre derechos humanos y garantías
individuales. Por espacio, no se da aquí la discusión;
lo cierto es que, en torno a los derechos humanos, continúa
un debate que no debiera ser meramente académico,
sino fundamentalmente práctico y político
¿cómo poner en práctica una política
de Estado en materia de derechos humanos?
Además
de las razones señaladas, hay que llamar la atención
en cuanto a que las decisiones más importantes
que se toman en México, en cualquier materia y
sus repercusiones en los derechos humanos, vienen de fuera
del país, en particular, de los organismos internacionales
que, desde hace más de veinte años imponen
un conjunto de medidas económicas, políticas,
sociales, culturales y ambientales.
Independientemente
de la opinión que nos merezcan este conjunto de
políticas de ajuste, lo cierto es que hemos entrado
de lleno a la globalización económica con
todos sus efectos, de los que no siempre distinguimos
sus efectos positivos y solemos quedarnos con el impacto
negativo, que lo tiene, quedándonos con una sola
idea de la mundialización de la economía.
El
aspecto más grave de esta globalización,
que el sociólogo brasileño Milton Santos,
la llama ‘perversa’, es la violación
sistemática y estructural de los derechos humanos.
Derechos tan elementales como la salud y la educación,
para los organismos internacionales son otras tantas mercancías
que hay que dejar al mercado para su plena satisfacción.
Y como en todo mercado, sólo compra quien tiene
los recursos para hacerlo. No hay seres humanos, sólo
consumidores. Ahí está a la vista de quienes
quieran verlo, el lento proceso de privatización
de la seguridad social y de los servicios educativos.
Diversos estudios empíricos nos lo demuestran,
pero no falta quien no quiera verlo y, peor aún,
no faltan académicos al servicio del Estado que
nos quieren convencer de lo contrario a través
de la manipulación de las cifras.
Diversos
estudios del Banco Mundial, de la Organización
para el Comercio y el Desarrollo Económico, el
Banco Interamericano de Desarrollo y el Fondo Monetario
Internacional nos muestran un conjunto de recomendaciones
al gobierno de México para que privatice y siga
disminuyendo el tamaño del Estado, bajo el viejo
argumento de que no es la solución, sino parte
del problema y que la mano invisible del mercado lo resolverá
todo… para quienes pueden participar en él,
mientras dos terceras partes de los mexicanos buscan creativamente
nuevos mecanismos de sobrevivencia y de resistencia rebelde.
Pero
hay otra globalización en marcha, la que va construyendo
otro mundo posible, la de los y las rebeldes de siempre,
la que utiliza el derecho internacional de los derechos
humanos y genera propuestas y alternativas a favor de
una globalización regulada, incluyente y participativa.
Ahí está, al menos en los últimos
diez años, la internacional de la esperanza, para
demostrarlo. La globalización cultural, la globalización
de la solidaridad, nos va abriendo nuevos caminos y nuevas
posibilidades que no siempre aparecen en los grandes diarios
ni en los noticiarios de las televisoras nacionales y
trasnacionales.
4. La plena vigencia de todos los derechos para todos y todas, hacia un cambio en el modelo de desarrollo Ante
este panorama, la agenda del desarrollo, desde los derechos
humanos, debe cambiar de manera radical, a partir de una
modificación de nuestra manera de mirar la realidad
y concebir los cambios posibles. Ya no es posible concebir
las modificaciones en términos de modelos, capitalismo
o socialismo. Desde hace más de quince años
quedó superada esa dicotomía. Pero desde
mucho tiempo atrás, desde la agenda de los derechos
humanos, es posible visualizar un conjunto de cambios
que los hagan plenamente vigentes.
Pareciera
que el combate a la pobreza, es una causa común
de los organismos internacionales, la cooperación
internacional y organizaciones de la sociedad civil. Sin
embargo, hay diferencias radicales y las propuestas de
fondo son diferentes y aun antagónicas.
Una
de las grandes paradojas de nuestro tiempo es mirar a
un organismo internacional como el Banco Mundial, presentándose
como el gran adalid de la lucha contra la pobreza. Es
cierto, hay mayores paradojas que no convienen por el
momento ni mencionar, sobre todo tratándose de
la defensa de los derechos humanos. Pero el Banco Mundial
es un ejemplo típico de uno de los organismos internacionales
de mayor influencia y que propone planes concretos para
combatir la pobreza extrema, con todo y el debate que
se desarrolla en su interior en la revisión de
programas y el diseño de alternativas para disminuir
la pobreza.
De
lo que no se dan cuenta ni el Banco Mundial ni otros organismos
internacionales que rigen la vida del mundo, en particular
de la Organización Mundial del Comercio (OMC),
es que muchas de sus recomendaciones, tratados y propuestas
contravienen los más elementales derechos humanos.
El
debate actual en torno a los derechos humanos no es sólo
su comprensión crítica y sus viabilidades
diversas, sino su primacía por encima del derecho
mercantil internacional promovido por los paneles de expertos
de la OMC que privilegia el derecho de los inversionistas
por encima de los derechos humanos. Ahí están
los ejemplos de la Minera San Xavier y Metalclad: dos
empresas trasnacionales que desarrollan una lucha jurídica
contra el Estado mexicano y ponen en juego cientos de
millones de pesos en inversiones, sin importar si violan
derechos ambientales o no. O el caso de la empresa alemana
Continental – Euzkadi, en Jalisco, o los diversos
proyectos de represas como La Parota, El Cajón
y Arcediano, que afectan los derechos de cientos de comunidades.
Por no entrar en el debate de la legalidad o inconstitucionalidad
de los Contratos de Servicios Múltiples y la lenta
privatización del sector energético mexicano.
Contra
la recomendación del Banco Mundial de privatizar
el agua potable, ahí están las movilizaciones
populares en Cochabamba, Bolivia que lograron dar marcha
atrás a la privatización de sus recursos
hídricos y la reciente estatización del
petróleo boliviano. O las movilizaciones de un
Frente Potosino contra el proyecto de la Minera San Xavier.
Si
el debate mayor en torno a los derechos humanos se da
en torno a los derechos de los inversionistas, hay debates
menores que tienen que ver con el ejercicio de los derechos
civiles y políticos como la participación
electoral y el libre ejercicio del voto, como habría
que analizar con mucho detalle los procesos electorales
locales que se realizaron a lo largo del 2004 en 10 estados
de la república; hay avances, es cierto, pero también
hay retrocesos.
Lo
que está en juego hoy, en materia de derechos humanos,
es si hay condiciones para implementar una política
de Estado que vaya más allá de la retórica
y los golpes mediáticos.
La
plena vigencia de todos los derechos para todos pasa,
necesariamente y como una condición de su posibilidad,
por el cambio progresivo en el actual modelo de desarrollo
que privilegie una cultura de los derechos humanos, una
cultura política que construya verdadera ciudadanía
y una atención particular a los derechos más
elementales: a la alimentación, el empleo, la educación
y la salud. Para esto, el debate legislativo sobre la
ley de ingresos y el presupuesto 2005, nos demuestra que
no hay voluntad política entre quienes sólo
piensan y se preocupan por mejorar sus posiciones para
la sucesión presidencial adelantada.
David
Velasco Yáñez, sj
Serapio Rendón 57-b Col. San Rafael C.P. 06470 México D.F. Tel:
(55) 5667854 · (55) 5468217 · (55) 5468217, Fax. ext.
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