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| 03 de noviembre de 2004 | Número
9 |
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A un mes antes de ser presentado públicamente, a punto del cierre de su fase de preparación, envuelto en el aparato gubernamental, el Programa Nacional de Derechos Humanos (PNDH) merece una revisión puntual, por lo que ha significado para las organizaciones, por sus implicaciones para el movimiento de los derechos humanos, pero sobre todo, por su historia y su presente contradictorios. Primero:
¿de dónde viene?
Algunos de las siguientes conclusiones fueron elaboradas: Los antecedentes son suficientes. Las palabras obtenidas de parte de Ricardo Sepúlveda lo confirman, el mismo proceso así se planteó desde un inicio, hoy se sabe: una de las grandes necesidades del ejecutivo federal es que el 10 de diciembre el PNDH debe salir a la luz. A pesar de las críticas severas al proceso -no obstante que algunas organizaciones, con trabajo y propuestas serias, no vieron reflejadas sus aportaciones en la construcción del PNDH- en estos días se plantea un mecanismo de implementación, sin haber resuelto los antecedentes críticos, los quiebres entre las organizaciones y sin haber obtenido una respuesta a los planteamientos iniciales. Aún están pendientes temas como el de la participación ciudadana; el cumplimiento de los compromisos y acuerdos tomados por el gobierno; interlocución efectiva; y mecanismos que garanticen el respeto a los acuerdos. Pero sobre todo, que garanticen un verdadero PNDH y no un mero programa gubernamental de corto plazo. Javier
Torres
Las empresas y los dueños de los capitales que dominan los procesos de apertura comercial y que se favorecen con ella -principalmente las potentes empresas trasnacionales-, se conducen y reproducen al amparo de un marco, fraguado por ellos mismos, de instituciones, leyes y prácticas que fortalece la reproducción y ampliación de sus intereses en detrimento de los derechos humanos. Por su parte, a la hora de convenir los acuerdos comerciales -sean multilaterales, regionales, bilaterales- los Estados han privilegiado una serie de canonjías para dichas empresas y capitales trasnacionales, con argumentaciones que tratan de justificar estas prebendas como el costo o augurio de un caudal de beneficios para la población que, por supuesto, nunca llegan. En estos acuerdos, los Estados han sido omisos para procurar en ellos la prevalencia de los derechos humanos. Y es sólo el inicio de una serie de violaciones que se cometen en nombre del libre mercado. Dentro del ámbito de responsabilidad de cada uno de estos actores, en modo alguno se ha manifestado la intención de procurar la observancia de los derechos humanos en los procesos de integración económica a los que nos han obligado a asistir. Las trasnacionales han implementado de facto un imperio del derecho comercial por encima de las personas y sus derechos humanos. Los Estados han aceptado e implementado su propio desmantelamiento como garante de los derechos humanos de sus pueblos. En esa lógica se inserta el que los Estados hayan acordado la instauración de instituciones como la OMC, como el TLCAN, el TLCUEM, y todo el sistema de protección hacia la Inversión Extranjera Directa, cuya forma general de operar violenta de manera estructural los derechos humanos. Como
ejemplos, citamos: México no es ajeno a estos fenómenos. El Estado se ha debilitado como garante de los derechos humanos de la población. Mientras continúa firmando protocolos, pactos, tratados internacionales de derechos humanos que le han redituado un buen bono político ante la comunidad internacional, hoy se construyen Wall-Marts en recintos sagrados que son patrimonio de la humanidad, violando nuestros derechos a preservar y desarrollar nuestra propia cultura, a nuestras riquezas artísticas, históricas y culturales, a la no imposición de una cultura extranjera, al respeto de nuestro patrimonio cultural. Y a la par se trata de impulsar desde el gobierno federal la reducción de presupuestos para educación y cultura. Hoy se cocinan leyes en procesos velados y particularistas que de concretarse, agravarían todavía más derechos humanos como el de la alimentación y la salud con la ley sobre bioseguridad que tal como está favorecería a los monopolios trasnacionales que imponen los organismos genéticamente modificados en la agricultura y en el consumo, o en otro caso los derechos humanos laborales, con propuestas que legalizarían las pésimas condiciones de trabajo, los bajos salarios, la coacción a la libertad sindical, los despidos injustificados y una serie de violaciones en las que ya incurren muchas empresas de capitales extranjeros que, al no ser llamadas a cuentas por autoridad alguna –nacional o internacional- perpetúan su impunidad y su papel como violadoras de derechos humanos. También se pueden fraguar proyectos económicos sin que la sociedad esté informada de manera transparente, suficiente y veraz, y mucho menos que se le consulte y participe en proyectos que afectarán sus vidas, sus derechos, como en el caso de la hidroeléctrica de La Parota o en el proceso del Acuerdo de Libre Comercio en las Américas. Y sólo por citar algunos ejemplos, porque es poco el espacio. Para el derecho internacional de los derechos humanos, la responsabilidad primera y esencial sobre la observancia de los derechos humanos recae en el Estado, en función del cumplimiento de sus obligaciones básicas: respetar, proteger, garantizar y no discriminar. No obstante, sobre las empresas trasnacionales recaen responsabilidades directas sobre la vigencia y respeto de los derechos humanos, en tanto que este mundo globalizado está atestiguando casos graves de violaciones a derechos humanos donde el papel de las trasnacionales ha sido de perpetradoras directas de violaciones a derechos humanos, sin la posibilidad de que sean llamadas a cuentas por todo el cobijo institucional e ideológico que les escuda. Precisamente por esta situación cada vez más grave en el globo, es que los y las defensoras de derechos humanos, de manera colectiva y comunitaria, estamos buscando las herramientas o los mecanismos que obliguen tanto a los Estados como a las corporaciones trasnacionales a respetar los derechos humanos. Mencionemos como ejemplos el proceso que llevó a la conformación de las Normas sobre las Responsabilidades de las Empresas Transnacionales y otras empresas comerciales en la esfera de los derechos humanos y su actual búsqueda de aprobación en la Comisión de Derechos Humanos de la ONU. También está el ejemplo del reciente logro de la primera audiencia ante el Sistema Interamericano de protección a los derechos humanos, en octubre pasado, respecto del impacto en los derechos humanos a partir de los procesos de integración económica en la región, para favorecer la adopción de medidas que aseguren la vigencia de los derechos humanos. Ambos procesos de trabajo han implicado vinculación, articulación y colectividad. Este tipo de concreciones bosquejan las tareas que se requieren para hacer frente a las violaciones perpetradas por este modelo de globalización. El trabajo futuro que pueda impulsarse y desarrollarse desde las organizaciones defensoras de derechos humanos en el sentido de enfatizar y visibilizar las responsabilidades de las trasnacionales en la vigencia de los derechos humanos, así como los esfuerzos para que los Estados den cumplimiento a sus obligaciones primordiales en estos procesos, será fundamental para contrarrestar y revertir los impactos que en los derechos humanos están manifestándose en la actualidad. De ninguna manera es una tarea sencilla. Los retos que impone son titánicos, pero no imposibles. Mireya
Del Pino-Pacheco
Estas semanas el Consejo Nacional para Prevenir y Erradicar la Discriminación (CONAPRED) ha hecho pública la convocatoria pública para hacer aportes en la elaboración del Programa Nacional para Prevenir y Erradicar la Discriminación (PRONADIS), he aquí algunas reflexiones del Centro Prodh en esta materia. Primero reconocer que en la Ley Federal para Prevenir y Erradicar la Discriminación (Ley) existen deficiencias estructurales que son difíciles de remontar en el PRONADIS, tales como: |
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1.
La falta de reglamentación en la ley,
de los estándares internacionales en materia de
nodiscriminación;
2. la duplicidad de funciones y la competencia de presupuesto con la Comisión Nacional de Derechos Humanos (CNDH); 3. el supuesto de que la conciliación es un mecanismo útil para atender violaciones al Derecho a la No Discriminación; 4. la ausencia de sanciones, más allá de las meramente administrativas; 5. la carente propuesta de coordinación interinstitucional para sancionar actos discriminatorios, incluyendo la falta de definición de las responsabilidades de los tres niveles de gobierno en la prevención y combate de la Discriminación, y 6. la definición de discriminación considera sólo la participación de individuos y no de colectivos o grupos. A continuación algunas ideas breves que el Centro Prodh considera centrales para el PRONADIS: 1.
Que el PRONADIS, debe proponerse desde la lógica
de que es un esfuerzo interinstitucional de los Organismos Públicos
Federales, y que no implica solamente el marco de la competencia
del CONAPRED;
2. elaborar un diagnóstico nacional sobre los grupos en situación de discriminación, retomando el de la oficina del Alto Comisionado para los Derechos Humanos de la ONU (diciembre de 2003) y proponiendo prioridades estratégicas para el PRONADIS; 3. que el CONAPRED ejerza su facultad de hacer propuesta legislativa para modificar normatividades o reglamentaciones federales discriminatorias; 4. congruente al carácter normativo del CONAPRED, se promueva la elaboración y ejecución de políticas internas de las instituciones públicas y privadas (reglamentos, estatutos, etc.); 5. presentar denuncias por actos que puedan dar lugar a responsabilidades previstas en ordenamientos legales (Artículo 20, párrafo XI), sobre todo las de carácter penal; 6. que realice campañas permanentes contra la discriminación, tanto de carácter general como focalizado en sectores y temáticas específicas; 7. elaborar materiales tanto generales como específicos para sectores o temáticas vinculadas con la discriminación; 8. que los convenios de colaboración no sean la única vía de articulación con las instituciones públicas y privadas; 9. promover proyectos de mediano y largo plazo para prevenir y erradicar la discriminación; 10. garantizar la participación plena de las organizaciones de la sociedad civil en la elaboración, ejecución y monitoreo del PRONADIS. 11. que la composición del Consejo, involucre organizaciones de derechos humanos, temáticas y sectoriales; 12. realizar un trabajo de cabildeo para obtener un presupuesto más elevado que permita la mejor ejecución de actividades de promoción y defensa del derecho a la no discriminación; 13. que el PRONADIS incorpore específicamente la participación y responsabilidades (administrativas y operativas, desde su función) de las instituciones públicas federales especializadas: Centro Nacional para la Prevención y Atención del VIH/SIDA (CENSIDA), Instituto Nacional para la Atención de las Personas Mayores (INAPAM), Instituto Nacional de las Mujeres (INMUJERES); Instituto Mexicano de la Juventud (IMJ), entre otras, y 14. que las estrategias de descentralización utilizadas para el trabajo a nivel federal, retomen los diagnósticos y la experiencia acumulada que organizaciones civiles locales han desarrollado de manera exitosa, proponiendo esquemas de colaboración tripartita entre la federación, el nivel estatal y el municipal, tanto en lo correspondiente al presupuesto y a las responsabilidades. Sirvan
estas reflexiones para alimentar las propuestas de trabajo para
prevenir, atender y eliminar la Discriminación en nuestro
país.
Recomendaciones de alcance general contenidos en el Diagnóstico sobre la situación de los derechos humanos en México, elaborado por la Oficina del Alto Comisionado de Naciones Unidas para los Derechos Humanos, con sede en nuestro país. RECOMENDACIÓN
INSTRUMENTAL
Con
el objetivo de atender las recomendaciones anteriores, se formula
la siguiente recomendación instrumental:
32.
Apoyar y promover la creación de un grupo de expertos de diversos
centros de educación superior, organizaciones sociales y civiles
y sector privado, que con el apoyo del sistema de Naciones Unidas
en México elabore anualmente un informe independiente sobre
el estado de la nación. El informe debería contener
una evaluación de la situación de los temas incluidos
en este Diagnóstico, así como una revisión de
las tendencias de largo plazo en cada uno de dichos temas. El grupo
será responsable, asimismo, de elaborar el Índice Nacional
de Cumplimiento de los Derechos Humanos en México, a niveles
federal y estatal.
Documento
completo http://www.cinu.org.mx/prensa/especiales/2003/dh_2003/index.htm
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